Tus desnudos

Tus desnudos son obras de arte.
Alguien, subvencionado por una institución pública,
debería permanecer al pie de nuestra cama y esperar a que mi hemisferio torpe,
que es el norte,
te deje en pelotas sin sábana ni manta por la mañana,
y grabar ese momento en alta definición para la posteridad.

Luego tendría que atravesar hasta el baño
y sacarte algunas tomas dignas de una estrella de los escenarios.
Podríamos instalar bombillas alrededor del espejo del lavabo, unas de bajo consumo
que pudieran hacer las veces sin costarnos demasiado, y entonces
que tu empolvado matutino se facturara en un camerino de Broadway,
con el albornoz en su papel de bata de satén y el plumero como plumas de
aves exóticas que van a parar a tu cuello.
Después tendría que largarse, claro, porque por mucho que se esforzara
con esa luz me temo que mi afeitado
daría la impresión de estar hecho en la caravana de un circo.

Habría que usar para la ducha los mismos efectos que en Matrix.
Que la cámara girase a tu alrededor mientras la espuma más intrépida te recorre
desde el cuello hasta la punta del pie,
porque esa sería la única manera de trasladar al espectador lo que siento yo mismo
cuando me dejo caer cuesta abajo por la carretera de montaña,
llena de curvas,
que te regaló Dios al pasar la línea de la pubertad.
Dios, que sabe que siempre es fácil llegar a las faldas de la montaña,
pero que lo complicado es alcanzar la cima con el oxígeno suficiente en los pulmones
y algo de sangre en la cabeza.
Es lo que se conoce como mal de las alturas de Stendhal.

Tus desnudos son obras de arte.
Cuando terminas de ponerte la ropa con la que vas al trabajo,
mi vida se convierte en el telediario de un régimen comunista.

Y luego me preguntas por qué nunca instalamos un aparato de aire acondicionado,
y por qué a pesar de que me lo indica la selección española de fútbol,
nuestra calefacción nunca baja de treinta grados en invierno.

Alguien tendría que filmarlo para que lo vieras tú misma, más allá del espejo:

Botticelli nunca le puso un jersey a sus mujeres.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
A ver si me aclaro quién eres tú.... Ah sí, el ensayista. Qué te pasa. Qué Boticcelli? Qué estatuas? Tío.
R.
el_hombre_que ha dicho que…
Ostras, es cierto. Lo puse sin pensar...
Anónimo ha dicho que…
Contesta a la pregunta. Qué te pasa...
Boticelli.

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